Cosas que están de moda…

Y en realidad… no deberían venderse.

Después de este parón de casi dos meses de total abandono hoy he decidido volver a escribir, porque me apetecía y porque varios de mis fanses (aunque decir varios es decir mucho) no han hecho más que darme la tabarra.

Mi ausencia ha estado justificada y no: “A parte de mis cosas de blogger también tengo mis otras cosas: Las cosas de estudiante que, cuando estás en el último año, te quitan el 80% de tu tiempo.”

Pero vamos que, aunque este sea mi blog, yo no he venido aquí a hablar de mi libro.

He vuelto para contar en qué he invertido el otro 20% de mi tiempo en la superfície.

Sobretodo en las grandes, esas que llaman centros comerciales, dispuesta a gastarme una indecente cantidad de dinero (creyéndome Julia Roberts en “Pretty woman” y como si Gandía fuera “Rodeo Drive”… En fins) y con lo único que volví a casa es con una ROTUNDA afirmación:

“La ropa que se vende ha dejado de ser bonita”.

Y esto es un hecho como una catedral, aquí y en la china popular, hay ropa normal, ropa fea y ropa muy fea. Pero desde luego ya no hay ropa bonita.

Y no, aquí ya no hablo del gusto personal de cada uno, que es totalmente respetable y no estoy aquí para juzgar a nadie. Hablo desde la objetividad.

Hay cosas que NO deberían venderse

  1. En el namber one de esta lista de cosas que las tiendas deberían dejar de intentar colarnos tenemos al inconfundible, al inimitable, al fiel acompañante de deportistas y personalidades adictivas: El chándal.

Para quien no lo sepa, el chándal es esa prenda de vestir que se hace cosiendo los trozos de tela que no han valido para ser cosas bonitas y que acaba siendo el pijama más cómodo del mundo. Los puedes comprar “dos piezas”, como los trajes, pantalón-chaqueta.

Los hay de varios tipos…

  • El chándal del cole que era así como de tela que brillaba un poquito y, aunque ridículo como él sólo… al menos te ibas calentito a clase.
  • El chándal de felpa. Este suele ser de un color neutro que tú eliges. Si eres una persona normal pues probablemente no te lo compres… Si eres Belen Esteban el tuyo será naranja y te lo pondrás hasta para ir de boda.
  • El chándal de tactel, que es mi favorito, es el mejor dos piezas del mundo. Te combina perfectamente con todas tus adicciones y si te compras uno pues te ahorras el trago de contarle a tu madre que pruebas psicotrópicos. (He dicho comprar aunque en realidad te lo regalan al entrar en proyecto hombre). También puede ser que si vienes de finales de los 80, conserves uno en tu armario. Mi consejo sería que no.
Y bueno la lista es larga y a mí no me pagan por esto, quien quiera saber más de la historia del chándal que me mande un email y yo se la cuento.

 

Y entre los “new arrivals” de esta temporada me he encontrado, ojo a esto que es muy fuerte: (aquí en mi cabeza sonaban redobles de tambor) el chándal de vestir.

-O sea, whaaaaaaaaaaaaaat?

Si ya tenemos el chándal, que es feo y todos lo sabemos.

Y ya tenemos pantalones de pinza, que a mi no me gustan, pero con los que no tengo nada en contra.

¿Qué necesidad había de juntarlos?

¿A dónde queremos ir a parar con todo esto?

¿En qué está pensando el diseñador?

¿En un pantalón chino con una goma en la cinturilla?

¿En un chándal de una tela socialmente aceptada?

¿En volvernos a todos locos y hacer que nos explote la cabeza?

El chándal de vestir es el puto oxímoron de la moda y la moda no puede tener oxímoron.

chandalino III

¿Cómo llamamos a este híbrido de la ropa? ¿Chindal? ¿Chandalchino? ¿Chandalino?¿

¿Con qué lo combinas? ¿Sudadera o blusa? ¿Lugar seguro o muerte? ¿Deportivas o tacones?

Ni pu-ta idea, pero parece que para los señores de la moda esto no es un problema:

chandalino IIchandalino

¡Mira qué bien! Te lo pongo con un poco de todo y seguro que aciertas… Y de postre pues te regalo unos calcetines blancos doble raya verde y roja y aquí no ha pasado nada.

¡Ya está bien señores de la ropa!

Que yo no pido que todos los días sean de sol, ni que todos los viernes sean de fiesta, pero vamos… un poco de cordura.

Que todos somos sentimientos y tenemos personas. Personas que solamente queremos vestirnos, no disfrazarnos. Porque si quisiéramos ir todos los días como mamarrachos nos compraríamos la ropa en Fleppy y no en vuestras tiendas.

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